domingo, 19 de febrero de 2012

Sobre la realidad humana

Título: Sobre la realidad humana
Por: Ana Casas Alfaro





Todo hace daño.
Todo el mundo danza y parlotea bajo la luz de la luna. Bajo el brillo de las estrellas. Bajo la mirada del ocaso.
No se puede ser injusto consigo mismo.
No se puede comer a la luna de un bocado.
Tantos sueños rotos, tanta pesadumbre... el amor es ciego. El amor es escoria.
La vida plena existe sobre la montaña. ¿Cuándo empezar a escalar?
Las lágrimas fluyen como manantial, quizás sea bueno para la aridez del corazón.
Curiosamente, cuanta más agua fluye, más árido se vuelve.
El corazón tiene espinas entre los pétalos.
Toda la vida he callado. Es hora de gritar.
¡Vámonos! A toda marcha hacia la muerte. Las sombras y el olvido nos esperan.
La gente está eufórica por aventar el carbón a la máquina. ¡A todo vapor! ¡Nada nos detiene!
Y cuando menos piensas estás enterrado en un enorme vacío.
La retórica es el arte de encaminar a las personas a la perdición.
Las emociones son el error del ser humano. Sin emociones, ¿Qué seríamos?
Dioses, quizás.
Nada nos detiene, a toda marcha hacia el infinito.
¿Qué es el infinito? La muerte.
Polvo eres y al polvo serás tornado.
La eternidad yace en el jardín de la muerte.
Sembrar para cosechar.
"¿Qué siembras, dulce doncella?"
"Siembro ilusiones, buen hombre".
"Ilusiones cosecharás"
La jóven no comprendió lo que el hombre le decía hasta que, al paso del tiempo, mirando sus manos viejas y entumecidas, la anciana recordó que año tras año miró germinar sus ilusiones sin llegar nunca a convertirse en fruto.
Tan extraña es la luz de la luna.
La muerte de un día anuncia el comienzo del otro, no así para los humanos.

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